Momentos en los que
no puedes ni con tu alma.
Que ni los recuerdos
te consuelan.
Que sientes que te falta algo y ese algo es tan grande que
inunda tu pecho, tu corazón, sin dejar
espacio para nada más, sin ningún sentimiento que te consuele o que cubra el dolor, la perdida.
Lo peor de
todo es que ese algo no siempre sabes que es.
Solo sabes qué es algo que te
deja sin aliento y es más fuerte que
todo tú ser.
No hay remedio instantáneo, y solo el tiempo lo puede curar, pero
mientras transcurre, la agonía sigue y tarda mucho en sanar, hasta que por fin
te queda solo la cicatriz. Pero el dolor puede reaparecer al recordarlo, tras aquella dolorosa cicatriz.

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